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El abogado egipcio de José

ficción bíblica: Génesis Vayishlaj

Traducido del inglés y editado por Caro Cynovich carocynovich@gmail.com

­dorePharaohSmallEl abogado egipcio de José

—Ejecuten al esclavo —Faraón entonó, mientras tomaba delicadamente un sorbo de vino—. ¿Por qué es necesario molestarse por un caso tan común?

—Es esclavo de Potifar —respondió el Sumo Sacerdote—. El propio Potifar pidió esta audiencia.

—Curioso… —Faraón respondió, levantando los ojos de su copa de plata—. Entonces háganlo pasar.

Un guardia real anunció solemnemente:

—El Gran Chambelán, Potifar.

Otros dos guardias abrieron las altas puertas —incrustadas de oro— de la sala de audiencias públicas del Faraón.

Potifar, que había estado esperando en la antecámara, entró más lento que lo habitual. Él era llamado a menudo a la sala con fines comerciales. Esta era la primera vez que se acercaba al Faraón con un tema tan sensible y personal. Potifar vio las filas de sacerdotes acompañantes sentados a ambos lados del recinto. Vio a los eunucos de pie, sosteniendo grandes ramas de palmera, en cada extremo de la larga cámara revestida de mármol. Estaban constantemente abanicando el espacio, creando un ambiente mucho más fresco que el calor abrasante del exterior. Potifar pasó por delante de las estatuas de faraones anteriores y otras figuras de la historia de Egipto. Se acercó al trono. A tres pasos de distancia se dejó caer de rodillas y realizó el homenaje habitual.

—¡Dios te salve, Faraón! ¡Rey y Señor!

—Dios salve al Faraón —los sacerdotes corearon—. Rey y Señor.”

—Potifar  —Faraón hizo señas para que se levantara— ¿Por qué nos molestas con un crimen tan sencillo? Mata al esclavo y termina con esto.

—No es tan simple, oh Faraón —Potifar se aclaró la garganta— No estoy seguro de que el esclavo sea culpable.

—No entendemos el problema —dijo el Faraón, en un tono perturbado—. Tu esposa, esposa del Gran Chambelán, acusa a un humilde esclavo de acoso y estamos aquí sentados… ¿discutiendo su inocencia? Mátalo y consigue un nuevo esclavo.

—¿Acaso el Maestro de Justicia —interrumpió un sacerdote desde un lado—, no buscará la justicia?

—¿Quién es este perro insolente? —Faraón le preguntó al Sumo Sacerdote—. ¿No puedes controlar a sus propios sacerdotes?

—Yo no soy más que un humilde servidor —el sacerdote atrevido continuó con una perfecta reverencia—, listo para servir al Faraón en este caso, para que pueda llegar a una solución racional y verdadera. De esta manera, todos los súbditos de su reino sabrán una vez más la divinidad de su sabiduría y su poder.

—Continúa, sacerdote —Faraón se sentó, algo aplacado.

—La esposa de Potifar, Zelichah, ha acusado al esclavo de su casa de acosar de ella. El mismo Potifar duda de esto. Puede ser útil examinar los reclamos con más detenimiento para llegar a un entendimiento más profundo de la verdad.

—Potifar —preguntó el sacerdote— ¿hubo testigos que declararan a este supuesto ataque?

—No.

—Entonces es la palabra del esclavo contra la de su mujer —intervino Faraón—. Está claro que escucharemos a la mujer.

—Eso se hará, a menos que, oh Faraón —el sacerdote continuó—, exista una razón para creer que Zelichah no está diciendo la verdad.

—¿Por qué habría de mentir sobre un asunto tan importante? —preguntó Faraón.

—¡Oh Hijo del Cielo! —el sacerdote hizo un gesto dramático—. Faraón, de todas las personas, sabe que no todo es como parece. Faraón ya puede percibir que hay un misterio en este caso, que sólo la mente brillante del Faraón puede descubrir.

—Sí  —el Faraón se animó—. Hablas con la verdad, sacerdote. Vamos a llevar luz a este misterio, a donde ningún mortal puede. Debemos determinar qué fue lo que realmente sucedió. Puede que no sea como ella dice.

—Al hacer las preguntas correctas —continuó el sacerdote—, al pensar lo que nunca mortal podría pensar, Faraón revelará la verdad.

—¿Cuándo ocurrió, teóricamente, este ataque? —Faraón le preguntó a Potifar.

—Ayer.

—Ayer fue el desbordamiento del Nilo —Faraón pensó en voz alta—. Todo el reino estaba en la celebración en las orillas del río. Eso explicaría por qué no hubo testigos. Un día conveniente para los traviesos.

—¿Su esposa presentó alguna prueba de este ataque? —Faraón indagó más profundo.

—Sí  —respondió Putifar—. Ella tiene la ropa del esclavo que ella afirma que se quitó antes de su ataque.

—Eso es un mal augurio para él —Faraón dijo, mirando al sacerdote en busca de orientación—. ¿Por qué se desnudaría el esclavo en su presencia, a menos que fuera con intenciones deshonrosas?

—Debemos examinar su ropa —sugirió el sacerdote.

—Sí. Excelente idea  —Faraón exclamó—: Traigan la ropa del esclavo.

—Y la de ella también —agregó el sacerdote.

—¿La suya también? —Faraón estaba confundido— ¿Por qué necesitaríamos su ropa?

—Se puede aprender mucho de los tejidos que fueron testigos de los hechos reales —explicó el sacerdote.

—Por supuesto —estuvo de acuerdo Faraón—. Trae la ropa que la mujer llevaba en el momento del ataque reportado —el faraón ordenó a un guardia que estaba cerca—. Asegúrese de recibir la verificación de otra persona de la casa de que son de hecho las prendas correctas. Y sé rápido al respecto  —añadió Faraón emocionado—. Nosotros los dioses no tenemos tiempo para siempre.

El guardia salió corriendo de la sala.

—Mientras tanto, ¿qué más podemos descubrir sobre el caso? —preguntó Faraón , deseoso de progresar—. ¿Dónde están tu mujer y el esclavo ahora?

—En la antecámara.

—¡Maravilloso! —Faraón aplaudió con alegría—. ¿Con quién deberíamos empezar?

—Con el esclavo —ofreció el sacerdote.

—¿Por qué el esclavo ? —Faraón miró al sacerdote con suspicacia.

—Faraón ya sabe lo que afirma Zelichah, pero todavía tiene que escuchar el esclavo —explicó con calma el sacerdote—. Tal vez el esclavo admita su pecado, lo que solucionaría rápidamente este caso.

Faraón parecía ligeramente abatido por el pensamiento.

—O tal vez revelará algo de información nueva que sólo la mente perspicaz de Faraón podrá percibir. Faraón tendrá entonces la oportunidad de probar sus sospechas, y volver a examinar las alegaciones de Zelichah.

Faraón asintió con la cabeza.

—Hagan entrar al esclavo —comandó.

José entró en el pasillo. Llevaba una simple túnica de esclavo. Miró con curiosidad a las estatuas y se detuvo brevemente en una como si la reconociera. Continuó haciendo su camino hacia el trono. Todos los ojos lo miraban impasible, especialmente los de Faraón.

—Pedimos que entre el esclavo —Faraón preguntó confundido—,  ¿quién es este principito guapo?

A Faraón efectivamente le parecía apuesto José, quizás el hombre más bello que jamás había visto. Y además le parecía inquietantemente familiar.

—Yo soy José. Esclavo a Potifar. Soy hebreo, traído a la fuerza desde Canaán.

Un murmullo de incredulidad se agitó entre los sacerdotes.

—¡Un hebreo! —Faraón preguntó con una mezcla de repulsión y curiosidad—. ¿Pero tan atractivo? Te ves más como un hombre de ascendencia real que un esclavo.

—Yo soy el bisnieto de Abraham, a quien se recordará por haber visitado a tu ancestro hace más de un siglo.

—¡Abraham! ¿Será posible?

Para sorpresa de todos Faraón saltó de su trono y caminó hasta José. Lo tomó por el brazo, y con fuerza lo arrastró por el pasillo, hacia la entrada.

Los guardias alrededor rápidamente siguieron a su señor. Los sacerdotes salieron de sus sillas y también siguieron la extraña procesión. El Sumo Sacerdote y Potifar los alcanzaron y se pararon cerca de Faraón. Los eunucos se quedaron en sus lugares, abanicando mecánicamente la habitación.

Faraón se detuvo junto a una de las estatuas femeninas y colocó a José a su lado.

—¡Es cierto! ¡Eres la viva imagen de ella!

—¿Quién es ella ? —preguntó Potifar.

—Esa es la estatua de Sara. La leyenda cuenta que ella fue la consorte de nuestro predecesor por un corto tiempo. Era considerada la mujer más bella del mundo. Fue nuestro tatarabuelo que encargó su estatua como un recordatorio de su extrema belleza.

La multitud reunida miró a José y luego nuevamente a la estatua de Sara. Ambos estaban claramente relacionados; sus apariencias tan similares no podían ser una coincidencia. La fina forma de la nariz. La frente despejada. Los pómulos altos. Los ojos almendrados. Los labios firmes. Incluso el cabello rizado era idéntico.

—¡Qué curioso misterio! —Faraón exclamó—. ¡Tu esclavo acusado no es otro que la encarnación de Sara! ¿Por qué está todo el mundo de pie alrededor? ¡Vuelvan a sus puestos!

—¿Me dices tu nombre de nuevo? —Faraón se volvió a José mientras los sacerdotes y los guardias se deslizaron nuevamente a sus lugares.

— Yo soy José, oh Faraón.

—Sí, sí. José. Vamos a continuar con esta investigación —Faraón se acercó de nuevo a su trono con José; Potifar y el Sumo Sacerdote estaban cerca. Faraón se sentó de nuevo con un ademán ostentoso.

—Esclavo —el Faraón se dirigió a José—, ¿es cierto o no es cierto que has acosado a la mujer de Potifar?

—Yo no acosé a la señora de mi amo, oh Faraón.

—¿Por qué le dicen lo contrario?

—No puedo decir, oh Faraón —José miró significativamente a Potifar.

—Ustedes saben que el castigo a un esclavo atacar a un maestro es la muerte —explicó el Faraón—. Si no se produce una explicación viable, no tendremos más remedio que ejecutarte, por más bonito que puedas ser, y a pesar de tener un linaje ilustre.

—Yo sólo puedo adivinar las motivaciones de la mujer de mi amo en acusarme cuando estoy libre de culpa. Sin embargo, si yo fuera a hablar mal de ella, puede deshonrar a mi amo que ha sido tan bueno y amable conmigo.

—Hermoso y honorable —apuntó el sacerdote audaz, al regresar de las líneas laterales.

—Es cierto —señaló Faraón—. Pero no ayuda a su causa ni a sus posibilidades de sobrevivir. Puede retirarse. ¡Traigan a la esposa de Potifar!

José fue bruscamente escoltado fuera de la cámara. Unos momentos más tarde Zelichah entró.

La guardia real anunció formalmente:

—Zelichah, esposa del Gran Chamberlain.

Zelichah deslizó por el pasillo en un vestido ceremonial, austero y recatado. Se inclinó junto a su marido.

—Zelichah  —Faraón le indicó que se levante—. ¿Por qué afirmas que tu esclavo te acosó?

— Porque lo hizo, oh Faraón —Zelichah respondió con una mezcla de orgullo y dolor.

—Tenemos razones para creer que puede ser inocente.

—¿Inocente? Yo he comprobado lo contrario, oh Faraón. El siervo ha estado mirándome desde el día que llegó. Esperó pacientemente hasta que la casa estaba vacía, me atrajo a mi habitación y luego me atacó. Tengo la evidencia de sus ropas, que entiendo que Faraón ha convocado tan sabiamente. Yo era su presa.

—Tal vez la presa fue realmente el cazador —el sacerdote le susurró a Faraón.

Faraón miró desconcertado al sacerdote, mientras trataba de dar sentido a sus palabras.

—¿Qué mujer podría resistirse a la belleza extrema que acabamos de presenciar? —el sacerdote continuó en voz baja—. Puede que realmente haya existido un encuentro entre José y Zelichah ayer, pero que los roles hayan sido los contrarios.

—¡Pruébalo! —Faraón golpeó en su trono— . Está muy bien jugar a buscar la inocencia de un esclavo, pero acusar a una mujer de la alta nobleza de adulterio es un juego peligroso.

En ese momento el guardia enviado volvió con dos prendas en la mano. Se acercó a Faraón con ellos.

—Tiempo divino —el sacerdote dijo para sí mismo—. Oh Faraón, si le preguntáramos a la señora y el esclavo de llevar sus prendas de vestir del momento en cuestión, se podrá obtener un mayor conocimiento de los hechos.

—¡Que así sea! —Faraón tronó, perdiendo la paciencia.

El guardia le entregó el vestido Zelichah, quien salió tras él.

Unos minutos más tarde ambos Zelichah y José entraron en la sala y se dirigieron hacia el trono.

—Zelichah, si se me permite —el sacerdote preguntó — ¿por qué no estabas participando en las celebraciones por el desbordamiento del Nilo ayer?

—Yo estaba enferma.

—¿Y este es tu atuendo habitual cuando estás enferma? Tu vestido revela más de lo que esconde. Yo creo que a excepción de los eunucos, ningún hombre puede evitar sentirse atraído por tu belleza evidente y desbordante. Oh Faraón, este vestido tiene un solo propósito: la seducción.

—Eso no es una prueba.

—Es cierto. Pero es una indicación. Vamos a examinar más a fondo. También tenga en cuenta que la ropa de Zelichah está en excelentes condiciones, no tiene nada que haga alusión a ningún tipo de violencia. La prenda de vestir del esclavo, sin embargo, está rasgada. Es posible argumentar que en su arrebato de pasión, el esclavo rasgó su propia ropa, pero vamos a examinar cuidadosamente la parte rota. Oh Faraón, si Faraón lo desea, por favor toma la ropa del esclavo en la parte que está rasgada.

Perplejo, el Faraón se bajó del trono, se acercó a José y le agarró la prenda donde el sacerdote pidió.

—En la opinión divina del Faraón, ¿podría la rasgadura haber sido hecha por él mismo?

—No. El desgarro está en la parte posterior. Él no podría haberlo alcanzado por sí mismo.

—Eso elimina la posibilidad de que el esclavo se arrancó la ropa a sí mismo por pasión —el sacerdote dedujo—. Tal vez quedó atrapado en algo, tropezó y se rompió.

—Eso no es posible tampoco —señaló Faraón—. Esta prenda fue arrancada por una mano humana.

—Deducción celestial, mi querido Faraón. Entonces, si no lo hizo él mismo, y no fue un accidente, y no había nadie más en la casa en ese momento, sólo hay una persona que podría haber arrancado el vestido. ¡Zelichah! La pregunta ahora, sin embargo, es ¿por qué? ¿Hizo estragos en la prenda en un esfuerzo de auto- defensa?

—¡No! —Faraón exclamó con entusiasmo—. El desgarro se realizó tirando de la prenda. Eso significa que el esclavo se estaba alejando de la mujer cuando ella lo rompió. ¡El esclavo es claramente inocente!

—Y la mujer por lo tanto, es una ad…

—¡Basta! —Faraón paró al sacerdote—. Basta con que el esclavo es inocente. No necesitamos manchar su nombre ni el de su marido. Además, esta cuestión no puede ser revelada, y el esclavo no puede quedar impune, para que otros no se descubran la verdad. ¿Qué vamos a hacer con él? ”

—¡Que vaya a la cárcel!—ofreció el Sumo Sacerdote.

—Sí  —estuvo de acuerdo Faraón— , la cárcel es sin duda mejor que la ejecución.

—Tal vez la cárcel real —susurró el sacerdote atrevido a Faraón—. Éste requiere una estrecha vigilancia en algún lugar cercano.

Faraón asintió y señaló su secretario.

—Hemos decidido que el esclavo conocido como José se colocará en nuestra prisión real —anunció el Faraón con un poco de pompa—. Cualquier palabra de este caso, por más gratificante que haya sido para nosotros resolverlo, no saldrá de esta sala, bajo pena de muerte. De esta manera, la verdad se revela y se hará justicia.

Faraón se volvió hacia el sacerdote, pero él ya no estaba allí.

—¿Dónde está el sacerdote ? —preguntó el faraón, al no verlo en cualquier lugar de la sala. Todas las cabezas de la sala se volvieron a buscarlo, pero el sacerdote audaz no estaba a la vista.

—¿Quién era? —le preguntó Faraón al Sumo Sacerdote.

—No sé, Majestad —contestó el Sumo Sacerdote nerviosamente—. Nunca lo habíamos visto antes.

—Es una lástima —Faraón respondió con indiferencia, bebiendo nuevamente de su vino—. Habría sido un buen consejero.

La táctica de Raquel

ficción bíblica: Génesis Vavetze

Traducido del inglés y editado por Caro Cynovich carocynovich@gmail.com

La táctica de Raquel

jacob-rachel-and-leah-by-raphael-largeRaquel puso su cuchillo de cortar en su cinturón. Pasó sus dedos a través de la espesa lana de las ovejas mientras escuchaba a Jacobo, que estaba parado en medio de su rebaño. Le encantaba el rico aroma de los animales dóciles.

—Es un acuerdo, entonces—Jacobo dijo a Raquel y a su hermana Lea.

Lea; co-esposa, socia, aliada y hermana, todo en una. Ahora que Raquel había dado a luz a José, las viejas rivalidades y celos menguaron.

—Nos vamos por la mañana —continuó Jacobo—. Por favor, empaquen sus pertenencias y preparen a los niños. No sé si volvemos alguna vez a la casa de tu padre.

Los tres echaron una ojeada a través de las llanuras arameas y  miraron el recinto de Labán en la distancia. Raquel recordó que antes de la llegada de Jacobo había sido una simple casa de ladrillos de barro. Ahora, veinte años después, se había convertido en una mansión de piedra, con una serie de casas de adobe más pequeñas y grandes establos. Es todo obra de Jacobo, pensó Raquel. Y mi padre lo robaría todo de nuevo.

Raquel y Lea caminaron de regreso al complejo en silencio, con el sol poniéndose a la distancia. Raquel sabía que el disgusto de Lea por su padre reflejaba el suyo propio. Eran poco más que esclavas para él. Y también lo era Jacobo. Fuerte y honesto, el trabajo duro de Jacobo había construido la riqueza del padre de Raquel y Lea, pero aún así él era tratado apenas mejor que una bestia de carga. Eran las reglas de su pueblo: mientras Labán fuera el amo, todos ellos le pertenecían. Huir no los haría libres. Laban los seguiría. Él traería sus ídolos en la mano y exigiría que todos regresen a él por la ley.

Los ídolos, esos aborrecidos ídolos. Raquel se preguntó si Labán controlaba los ídolos o si tal vez fuera al revés. Ella tenía que poner sus manos en esos ídolos. Tenía que quitar los ídolos del control de Labán y con ello romper la esclavitud eterna. Su hijo José debería crecer libre.

El sol se hundió en el horizonte y la luna llena tomó su lugar en el cielo. Cuando Raquel y Lea alcanzaron los recintos, se saludaron con una inclinación de cabeza y se fueron cada una a sus aposentos privados. Raquel pasó por delante de su propia puerta y continuó hasta el Templo privado de Labán. Labán está a varios días de distancia, pensó. No se habría llevado a sus ídolos a la esquila de su rebaño lejano. Tienen que estar aquí en su Templo.

Raquel se dirigió a la parte posterior del recinto donde el Templo estaba en pie. Bendijo la luna llena por iluminar su camino en la noche oscura. Un gato negro salvaje chilló repentinamente. Raquel dio un salto atrás con miedo.

—Maldito gato —murmuró, temblando—. Me has dado un susto de muerte.

Raquel se acercó al Templo. Era una estructura de tierra circular, cubierto con una cúpula sencilla. El diámetro del Templo era de la longitud de dos hombres, al igual que la altura. Raquel se recordó de Labán construyendo cuidadosamente la estructura del mismo, mientras lanzaba hechizos y protecciones para sus ídolos. La puerta del Templo estaba en el lado este, hacia el sol naciente, con ventanas abiertas en los otros tres puntos cardinales.

Raquel se acercó cautelosamente a una de las ventanas y miró en su interior. Una vela solitaria ardía siempre en un brasero que colgaba del techo. Sobre un pedestal de piedra en el centro del Templo, Raquel pudo ver los ídolos. Ambos estaban en el pedestal. Estaban a menos de la distancia de un brazo de altura. Había una estatuilla dorada de un hombre, tallada con exquisito detalle, junto a una estatuilla similar pero de plata. Si uno miraba el tiempo suficiente, se podría pensar que estaban vivos. Eso no es lo que le preocupaba a Raquel. Lo que la turbaba era el dominio que estos ídolos representaban.

El dueño de los ídolos era el dueño de su fortuna. Le daba el derecho a la tierra, a los esclavos y rebaños. Los ídolos se pasaban de padre a hijo. Un hombre libre arameo necesitaba recibir su propio ídolo de su amo. Labán no liberaría a Jacobo, ni tampoco el justo Jacobo aceptaría un ídolo a cambio de su libertad. Por ley aramea, Jacobo y sus descendientes por siempre serian esclavos. A Jacobo no le importaba esta ley, y se iría a pesar de ella. Pero Raquel no aceptaría esto. No quería que esta condena pesara sobre su José.

En el suelo del Templo una forma negra y sinuosa se deslizó alrededor del pedestal. Tenía el grosor de un tronco de árbol, y en algunos momentos Raquel fue capaz de ver a través de su cuerpo la tierra que había debajo. Un demonio, pensó con alarma. Esa es la forma en que los ídolos están protegidos. ¿Cómo puedo pasar a través de él?

Raquel encontró la cabeza de la forma deslizante. Dos brillantes ojos rojos iluminaban su rostro. No tenía nariz ni orejas. Sólo esos ojos profundamente hundidos y una boca ancha que ocupaba la mitad de su cabeza. Le recordaba a una anguila gigante, excepto que ella podía ver los brazos y las piernas largas descansar a los lados del cuerpo del demonio. La forma se movía dentro y fuera del estado de solidez, demostrando así su origen demoníaco.

¿Cómo puedo engañar al demonio? Raquel se preguntó. ¿Atraparlo? ¿Distraerlo? ¿Qué sabía ella acerca de los demonios? Su padre nunca le había enseñado ningún sortilegio. Pero a menudo le gusta alardear de cómo capturaba a los demonios y los controlaba. Sangre. Sí. Les gustaba la sangre. Ellos eran adictos a la sangre. Seguirían el olor de la sangre fresca y festejarían por él. En agradecimiento obedecerían sus deseos.

Raquel se retiró en silencio del Templo y examinó el suelo con cuidado. Entonces lo vio. El gato estaba sentado frente a uno de los edificios, lamiendo sus patas. Con una velocidad nacida de la desesperación Raquel se abalanzó sobre el gato, con los brazos extendidos. El gato se escapó de su mano derecha, pero ella cogió el gato por el cuello con su izquierda. El gato chilló y arañó el brazo de Raquel. Ella golpeó la cabeza del gato en el suelo, sacó su cuchillo de corte y rebanó el cuello del gato. La sangre fluyó rápidamente en el suelo.

Raquel corrió hacia el Templo y se paró detrás de una estructura. Un momento después, la puerta del templo se abrió y el demonio negro se deslizó fuera. Raquel corrió hacia el Templo. Se detuvo en la entrada, en busca de nuevas trampas o defensas. Se dio cuenta de una gruesa capa de polvo alrededor del pedestal central. Dio sutilmente un paso hacia adelante y sintió una sensación de ardor a través de sus sandalias de cuero. Sacó el pie hacia atrás y miró fijamente al suelo. Vio un contorno de huellas en el polvo. Puso sus pies sobre la huellas y de esa forma no sintió dolor. Pisó las huellas sucesivas y llegó al pedestal ilesa.

El ídolo de oro la miraba fijamente. Era hermoso. Rara vez había visto un objeto hecho por el hombre que fuera una obra tan fina. Raquel cogió el ídolo, sólo para llorar de dolor mientras el ídolo quemaba los dedos de su mano derecha. Se arrancó la tela de la parte inferior de la falda, envolvió el tejido de lana alrededor de los dos ídolos y los sacó del pedestal. Raquel se apartó, cuidadosamente pisando las huellas para volver para atrás. Llegó a la puerta y dio un suspiro de alivio.

Cuando se volvió y se alejó, una mano oscura atrapó su tobillo y tiró de ella hacia la puerta del Templo. Raquel se aferró a la estructura de la puerta con los ídolos todavía envueltos y apretados en su mano izquierda.

—Me has engañado, hija de Labán —el demonio siseó desde el suelo.

—Yo te di de comer sangre, demonio. Libérame. Esa es mi petición.

—¿Crees que somos tontos, humana? Estamos vagamente obligados. La sangre me atrajo, pero no fue suficiente para subyugarme. Mi tarea era proteger a los ídolos y he fallado. Aunque seas una ladrona, tú eres ahora el amo de los ídolos. Pero no te irás ilesa.

—Entonces obedéceme, demonio. Yo soy el amo ahora. Libérame y vuelve a tu vigilia circular.

—Te voy a liberar, pero me has avergonzado. Por eso deberás pagar. Ningún ser humano puede avergonzar a un demonio y tener una larga vida para contarlo. Pongo una maldición de muerte sobre ti.

—Os di a beber sangre, soy el amo de los ídolos ahora, yo soy la hija de su antiguo amo. ¿Cómo te atreves a maldecirme? Cesa este absurdo en este momento y déjame ir.

—Voy a dejar que te vayas, joven Raquel. Incluso te concederé un último deseo. Nombra tu deseo y me aseguraré de que se cumpla antes de que mueras.

—No acepto tu maldición, demonio. Aunque si pudiera tener un último deseo antes de morir, sería el de tener otro hijo.

—Así será. Ahora quédate quieta mientras canto tu destino.

El demonio, todavía con el tobillo de Raquel en sus manos, acurrucó su largo cuerpo como una bola y miró a Raquel con los ojos de color rojo brillante. Cantó en un profundo estruendo.

“O, engañador del engañador,

Has superado al hijo de Betuel.

Hermosa, la más joven, Raquel,

La reina de lo que será Yisrael.

Madre de los guerreros y reyes,

Nombre por siempre venerado.

Riqueza y honor para tu progenie,

Lucha y batalla con los parientes de su hermana.

Uno más veréis, niña de la tristeza,

Hijo de tu mano derecha,  hijo de la fuerza.

José deberá gobernar un imperio,

Y acelerar el exilio.

Tú deberás montar guardia sobre sus hijos

En su largo regreso a casa.

No ver en este mundo,

Una fuerza entre los justos.”

El demonio soltó el tobillo de Raquel.

Raquel volvió a su habitación, temblando. Lo hice, pensó. Tengo los ídolos. José será libre. Los hijos de Jacobo e incluso los de Lea serán libres. Tenemos que salir con la primera luz, antes de Labán se entere.

Pero ¿qué pasa con la maldición de la muerte?, se preguntó.

Raquel sonrió. Si mi último deseo se hace realidad, me daré por satisfecha.

La crisis de Rebecca

ficción bíblica: Toldot

traducido del Inglés por Caro Cynovich 

La crisis de Rebecca

doreIsaacBlessingligtLas palabras de la profecía resonaron en la cabeza de Rebecca. Ella había guardado esas misteriosas palabras en su corazón desde antes del nacimiento de los mellizos. No habían hecho nada para consolar su dolor, sino que sólo alimentaron su confusión y temor. Rebecca miró hacia la entrada de la tienda de Isaac con ansiedad, las palabras resonando en su mente:

“Dos pueblos hay en tu seno;

dos naciones desde tu interior estarán separadas;

una nación se fortalecerá más que la otra nación,

Y el mayor servirá al menor”

Rebecca no podía soportar la tensión mucho más tiempo. Esaú, su hijo mayor, se acercaba a la tienda de ciego Isaac, mientras que después de lo que pareció una eternidad, Jacob, joven, dulce Jacob, aún no había salido.

Se sentó discretamente y en silencio fuera de la tienda de Isaac. Esaú bruscamente abrió la puerta de la tienda y entró, pero todavía no se veía a Jacob. Rebecca contuvo la respiración ante la explosión inminente. Ella sabía cómo funcionaba el temperamento de Esaú. Esaú entendería inmediatamente que Jacob lo había suplantado, y la farsa habría terminado. Las bendiciones pueden de hecho convertirse en una maldición, tal vez incluso violenta, como Jacob había temido.

Entonces, desde el interior de la tapa de la carpa, Jacob salió inadvertidamente y en silencio, alejándose del área.

Gracias, Dios. Rebecca pensó con gran alivio. Jacob recibió la bendición que Isaac destinado a Esaú, sin ser descubierto.

La creciente agitación de Esaú se escuchó claramente desde el exterior. La confusión que emanaba de la tienda era palpable. Fue entonces que se escuchó un grito que podría retorcer huesos.

—¡¡Nooooooo!! —gimió Esaú.

¿Qué he hecho? Rebecca se preguntó.

No podía creer lo que oía. Su fuerte y contundente hijo Esaú comenzó a llorar con un amargo y profundo grito que le heló la sangre.

—No tienes más que una sola bendición, ¿padre? —Esaú rogó—: ¡Bendíceme también a mí, padre!

Lo siento, hijo mío. Rebecca se dijo a sí misma. No tenía otra opción. La profecía debe cumplirse. Tú realmente no es digno de ser el heredero de Isaac. “El mayor servirá al menor”.

Isaac le otorgó alguna bendición improvisada a Esaú. Esaú se fue de la tienda de su padre hecho una furia, con asesinato en su mente. La sangre abandonó el rostro de Rebecca cuando ella alcanzó a ver sus ojos.

Matará a mi Jacob. Le debo advertir. Tengo que hacer que Jacob se vaya lejos de aquí.

Hubo unos minutos de silencio en la tienda, mientras Isaac se ordenaba a sí mismo.

—Rebecca, esposa mía —Isaac llamó—. Sé que puedes oírme. Por favor entra.

Rebecca entró en la tienda con gracia y se arrodilló junto a su marido ciego.

—Sí , mi marido.

—Por favor, siéntate, mi querida.

—Gracias, Isaac.

—Rebecca, sé que tú has planeado este engaño. ¿Por qué no hablaste de esto conmigo? —Isaac preguntó con voz dolorida.

Rebecca estaba preparada para ese momento. Tengo que darle la noticia con cuidado. Isaac ama a Esaú. Él es ciego a la maldad de Esaú, a su ira y furia. Yo misma no sé de dónde viene.

—¿Hubieras escuchado mis palabras?

—Eres muy inteligente y de buen corazón. Tus palabras son siempre de gran valor.

Esa es la forma educada de decir que no. Yo tuve razón al haberlo engañado. Tengo que ir con cuidado. Debo proteger a Jacob para que él tenga el derecho de ser el primogénito. “El mayor servirá al menor”.

—Esaú no es tan inocente como te imaginas. Él no es digno de seguir sus tradiciones.

—Él es el mayor. Él es un hombre de mundo. El cumplimiento de la primogenitura requiere una cierta rugosidad, una buena capacidad de liderazgo. Esaú posee estos atributos – incluso más que yo, y más de Jacob.

Él no ve. No entiende. Él está justificando su amor ciego por Esaú. Debería haberlo entendido a esta altura.

—Aún así, mi amor, él puede ser cruel, incluso perverso —replicó Rebecca—. Ese no es nuestro camino. No es tu camino. No es lo que tu padre Abraham hubiera querido.

—Así que ahora, mi amor, ¿tú eres la intérprete de las tradiciones de mi padre? —Isaac preguntó con cierta incredulidad.

Debo intentar un ángulo diferente. Tengo que traerle pruebas y moverlo a la acción. No va a ser persuadido con acusaciones no verificadas.

—Mira a las esposas de Esaú – ¡son adoradoras de ídolos! Estoy disgustada con mi vida por causa de estas hijas de Het —Rebecca dijo con vehemencia—. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, hijas de esta tierra, ¿para qué voy a vivir?

Isaac se sorprendió de la ferocidad de Rebecca. Por tercera vez en un día, se encontró confundido y desorientado, sorprendido por cada encuentro, pero sintiendo una mayor revelación en cada uno. Él no respondió, pero se inclinó hacia delante, mirando pensativo la nada.

Isaac podía percibir que la mano de Dios había estado muy involucrada en los acontecimientos del día. Isaac siempre había supuesto que Esaú era la opción correcta, sin embargo, Dios claramente había intervenido. Jacob había mostrado un gran coraje y habilidad para hacerse pasar por Esaú.

Y la bendición continuó. Isaac sintió que la presencia divina aprobaba la bendición. Jacob había sido realmente bendecido. Tiene que haber cierta validez en la compra que hizo Jacob de la primogenitura de Esaú. Cuanto más Isaac pensaba en ello, más se daba cuenta de que Rebecca estaba en lo cierto. Por mucho que le doliera, se dio cuenta de Esaú no era el que heredaría sus tradiciones – sería Jacob. El mayor servirá al menor.

Rebecca miró los rasgos de Isaac. Su rostro parecía contorsionarse con las emociones de sus pensamientos. ¿Lo he empujado demasiado fuerte? ¿Cómo podemos superar esto?

Esaú era demasiado peligroso, pensó Isaac. Sin embargo, se mostraba con tanto respeto ante Isaac que era un placer tenerlo a su alrededor. Ese hijo confiado, fuerte y valiente había sido la esperanza de Isaac para el futuro. Pero eso no era lo que tenía que suceder. Dios lo había indicado.

Isaac le tendió la mano derecha a Rebecca. Instintivamente Rebecca puso su mano en la suya. Isaac le cubrió la mano con la mano izquierda y la acarició suavemente.

—Amor de mi vida —dijo Isaac en voz baja—, ¿por qué se ha llegado a esto? ¿Por qué debes manipular y hacer planes a mis espaldas? ¿Es que no hay confianza entre nosotros? ¿No hay más confianza en esta familia – en los descendientes de Abraham?

Pequeñas lágrimas comenzaron a rodar por el rostro de Rebecca.

Oh Isaac. ¡Te quiero tanto! ¿Cómo puedo explicar mi decepción? ¿Cómo puedo decirte acerca de la profecía secreta que he llevado durante tanto tiempo? ¿Cómo puedo mostrarte lo que te niegas a ver?

—A pesar de nuestras instrucciones y esfuerzos, Esaú ha tomado el mal camino —dijo Rebecca suavemente—. Me rompe el corazón verlo. Pero debemos recordar nuestra misión. No podemos abandonar al Dios de tu padre y la amabilidad y la bondad que él dirige. Jacob es el que va a seguir su camino. Las bendiciones que nos ha otorgado confirman eso. Ahora tenemos que asegurarnos de que se case bien por el bien de la próxima generación.

—No ha respondido a mi pregunta —Isaac dijo mientras limpiaba tiernamente las lágrimas que no podía ver desde la mejilla de Rebecca— ¿Crees que soy tan ciego que no conozco a mis propios hijos?

Terco. Terco. Él se centra en la farsa y no en lo que tenemos que hacer a continuación. Ha sido profundamente ofendido por el engaño.

—Lo siento —respondió Rebecca—. Yo no vi otra manera. Esaú siempre ha sido tu favorito. Yo no creía que iba a cambiar tus ideas con sólo mi sugiriéndotelo. No podía correr el riesgo de que el niño malo fuera a recibir tu bendición.

—¿Qué hay de la confianza? ¿Cómo puede haber amor, cómo puede haber matrimonio o una relación, sin confianza? —y ahora era Isaac quien derramó lágrimas.

Él está en tanto dolor. Por favor, Dios, ¡ayúdame! No sé qué más decir.

Isaac y Rebeca se sentaron en silencio, cada uno sosteniendo las manos del otro.

—Es la voluntad de Dios —anunció Isaac—. Tal vez mi ceguera no es sólo física. Este problema de los niños nos ha dividido durante algún tiempo. Nunca debimos haber elegido favoritos.

Sí. Ahora empiezas a entender.

—Le mostré demasiado afecto y comprensión a Esaú —continuó Isaac—.  Los actos de los padres son una señal para los hijos. Parece que he repetido el error de otro.

Así como Abraham acepta y justifica la conducta de Ismael, tú has hecho la vista gorda al comportamiento de Esaú.

—Isaac, ambos hemos cometido errores —explicó Rebecca, con su mano todavía en la de él—. Vamos a aprender de ellos, pero no insistir en ellos. Por favor no dudes de mi compromiso, dedicación y amor por ti. Haré lo que sea necesario para cumplir con el trabajo de tu vida – incluso si esto significa engañarte o esconder cosas de ti.

Isaac la miró con sus ojos ciegos.

—Debe haber sido muy difícil para ti. Has sido muy fuerte y valiente para diseñar y llevar a cabo el engaño.

Gracias, Dios. ¡Él entiende!

Isaac y Rebeca se abrazaron y celebraron el uno al otro en silencio. Un abismo de muchos años finalmente había sido salvado.

—Vamos a llamar a Jacob —dijo Isaac—. Voy a volver a confirmar mis bendiciones hacia él, esta vez consciente de su verdadera identidad. Le voy a ordenar que encuentre esposas de tu familia y no hijas de esta tierra

¡Gracias, Dios! Gracias, Gracias. Gracias. Mi misión está cumplida y mi amor ha vuelto a mí.

Reconciliación

ficción bíblica: Jaiei Sara

Reconciliación

Hagar y Ismael
Hagar y Ismael

Aunque Ismael tenía trece años más que Isaac, aún así parecía más musculoso y vigoroso que su medio-hermano de aspecto intelectual. Las décadas de Ismael como merodeador no habían hecho nada para disminuir su vitalidad. La enorme asamblea le abrió el paso a Ismael mientras caminaba con confianza, haciéndose camino para encontrarse con Isaac a la entrada de la cueva de Majpelá, en las colinas de Hebrón.

Isaac había estado pensando en esta reunión desde hacía algún tiempo. Él debería demostrarle el tradicional honor a su distanciado y exiliado hermano.

Ismael se detuvo a dos pasos de Isaac con una expresión indescifrable en el rostro. Todas las personas presentes parecieron contener el aliento, a la espera de ver cómo se desarrollaría el reencuentro de los hijos de Abraham.

Isaac extendió sus brazos a Ismael, dándole un ligero abrazo y besos superficiales en cada mejilla. Ismael correspondió por instinto, pero aún se mantenía tenso.

—Hermano —dijo Isaac con formalidad, inclinando ligeramente la cabeza.

—Hermano —Ismael reflejó el movimiento.

—Es un gran honor para nuestro padre que hayas venido a participar en la ceremonia de su entierro —anunció Isaac.

—Isaac, eres tú el que me honra por permitirme participar.

—¿Como podía ser de otra manera? Eres su hijo mayor. Por favor, condúcenos tú a la cueva para comenzar la ceremonia —Isaac hizo un gesto hacia la abertura estrecha cueva.

—No, Isaac. Tú debes ingresar en primer lugar.

—Nuestro padre habría querido que yo te honre a ti y que te dejara que comiences el procedimiento.

—Me honras por haber esperado por mí y permitirme participar en absoluto. Yo ni siquiera merezco este honor. He sido una vergüenza y una mancha para el nombre de nuestro padre. Tú eres su verdadero heredero. El mundo lo sabe —Ismael miró a Isaac a los ojos y luego bajó la cabeza.

Isaac se acercó y tomó a Ismael por el hombro.

—Es cierto que nuestro padre podría haber estado decepcionado con tu estilo de vida, pero no dudo de que te haya amado de cualquier manera.

Ismael miró hacia arriba, con la voz cargada de emoción.

—Eso es lo que es tal vez lo más doloroso. Él me amaba y aún así me exilió.

—No le dejaste otra opción. Amenazaste con arruinar su misión y todo lo que él representaba y creía.

—Ahora lo sé. Yo era demasiado testarudo. No entendía lo que me decía. Siguió dándome segundas oportunidades. Supuse que no habría una línea que yo no podría cruzar.

—Creo que si hubiera sido únicamente por nuestro padre, él nunca te habría desterrado. Dios le dio una orden directa.

—Sí. Padre probablemente debería haber sido más firme conmigo en una etapa temprana, antes de que tuviera que tomar medidas tan drásticas. Casi me muero en el desierto.

—Dios estuvo contigo, en su propia manera. No creo que Dios jamás te haya abandonado, ni siquiera en lo más profundo de tus problemas.

—Dios ha estado conmigo y me ha dado una gran riqueza, niños y el éxito en todas mis empresas. Sin embargo, yo no siempre estuve con Dios.

—Entonces ven, hermano —Isaac intentó maniobrar Ismael hacia la entrada—. Condúcenos a la cueva. Puedo ver claramente que te has arrepentido de sus acciones. Dios ama a los penitentes y sería un gran placer para nuestro padre que tú puedas iniciar la ceremonia.

—No —dijo Ismael con firmeza tranquila, sin moverse de su lugar—. De esto estoy convencido, lo he pensado mucho. Tú has sido y siempre serás el verdadero heredero de nuestro padre, tú eres el hijo de su amada alma gemela, Sara. Cualquier reclamación que podría haber tenido como primogénito, la renuncié por darle la espalda a las enseñanzas de nuestro padre. Aunque lamento profundamente lo que he hecho con mi vida, y voy a tratar de hacer las paces con lo que queda de ella, algunas cosas no se pueden cambiar. Algunos errores no pueden ser corregidos. Las manchas no pueden sanar por completo. Tú eres el heredero único y verdadero. La fe y la misión de nuestro padre correrán puramente por tus venas.

—¿Estás seguro de que deseas renunciar a este honor? —Isaac preguntó tiernamente.

—Sí, mi hermano. Además, es una falta de respeto tanto a nuestro Padre como a la multitud reunida que nosotros sigamos aquí debatiendo.

Isaac apretó el hombro de Ismael, y de repente lo abrazó en un abrazo fuerte y largo. Las lágrimas corrían por sus ojos.

Sin decir una palabra, Isaac dio la vuelta y se dirigió hacia la entrada de la cueva estrecha, seguido de cerca por Ismael.

Por primera vez en su relación, Isaac sintió que su espalda no estaba en peligro por amenazas de su hermano. De hecho, se sentía más seguro.

 

Escape de Sodoma

[Translation of Escape from Sodom]

ficción bíblica: Génesis: Vaierá

Traducido del Inglés por Caro Cynovich

Escape de Sodoma

—¡Quítame tu mano de encima! —Edis chilló al Arcángel Mijael.

Mijael no le prestó atención a Edis. Con una resolución inhumana, Mijael tomó las manos de Lot y de su esposa Edis, y se puso a caminar a paso rápido fuera de la ciudad de Sodoma, bajo el cielo oscuro y nublado.

doreSodomlighterEl Arcángel Gabriel estaba haciendo lo mismo con las hijas más jóvenes de Lot. Madis, la mayor de los dos, estaba a su derecha, y Atis, la más joven, a su izquierda. Las niñas estaban tomadas firmemente de la mano, incapaz de escapar de sus garras de hierro e incapaz de hacer otra cosa que mantener el ritmo rápido en el que se movía el ángel.

Las dos hijas mayores de Lot, de pie al lado de sus maridos, miraban con incredulidad mientras la extraña procesión rápidamente se alejaba del patio de la casa de Lot.

—¿A dónde van? —Shutis, la mayor, gritó.

—¡Nos vamos! ¡Ahora! —Lot respondió apresuradamente—. Sodoma será destruida en cualquier momento.

—Sólo tengo que recoger algunas cosas más y ya los alcanzaré —Shutis prometió, mientras se oía a su marido reírse por lo bajo.

—¡No! —Lot dijo determinante—. No hay tiempo. ¡Ven con nosotros ahora mismo o estarás perdida!

—¡Acuérdate de traer mis joyas! —Edis le pidió a su hija, esperanzada.

Shutis rápidamente corrió de vuelta a la casa y se perdió de vista.

—Vamos a destruir toda la llanura —explicó Gabriel en un tono neutral, manteniendo el ritmo rápido.

—Por favor. Por favor, espere al resto de mi familia —le pidió Lot.

—Es demasiado tarde —dijo Gabriel con firmeza—. Ellos están más interesados ​​en sus posesiones materiales que en sus vidas.

—¿De qué estás hablando? —Edis preguntó enojada—. Ellos están por llegar. Las cosas que fueron a buscar son importantes

—No lo entiendes, mujer. Los pecados de estas ciudades son tan grandes que Dios no podía retrasar la destrucción de ellas por más tiempo. Y eso es lo que haremos, las destruiremos. Absolutamente. Nada quedará de lo que se conocía como Sodoma. Si no fuera por el mérito de tu tío Abraham, tú también morirás ahora.

Llegaron a las puertas de la ciudad.

Mijael y Gabriel soltaron simultáneamente a sus cautivos.

Gabriel levantó las manos al cielo. Las nubes oscuras retumbaron. Truenos y relámpagos agrietaron el aire espeso. El cielo estalló como si el fin del mundo hubiera llegado. Del cielo enojado cayeron piedras de fuego y lluvia ácida. Lot y su familia escucharon el pánico y los gritos que venían del interior de la ciudad. La suma de gritos obligó a las hijas de Lot a cubrirse las orejas. Un corrosivo olor a carne quemada llenó el aire.

Mijael habló con la familia de Lot con una voz de trueno que resonó en los cielos.

—¡Escapen por sus vidas! No miren hacia atrás y no paren en ningún lugar en toda la llanura; huyan a la montaña para que no sean destruidos.

Mijael levantó la mano y un rayo de luz surgió de sus dedos. La luz llegó al lado de la montaña. La roca y la tierra explotaron, enviando fragmentos en todas direcciones. La montaña estaba envuelta por una nube de escombros. Después de unos momentos, las cosas se calmaron. Para su asombro, Lot y su familia se vieron los contornos de una carretera. El camino era el camino más recto y más suave que jamás habían visto. Conducía directamente a la montaña – a Abraham.

Lot amaba a su tío, pero no podía regresar a él. A la sombra de su tío él siempre sería menos. El pecador. El malo. Repugnante. Sin valor. Moriría antes de regresar con Abraham. No. Tenía que escapar a otro lugar. Ahora.

Lote cayó de rodillas y suplicó.

—¡Por favor , no! Mi Señor – usted ve, ahora vuestro siervo ha hallado gracia en vuestros ojos, y la misericordia que has tenido conmigo al salvar mi vida fue genial, pero no puedo escapar al monte a menos que el mal se adhiera a mí y yo muera. Mire allí, por favor, aquella ciudad está lo suficientemente cerca para escapar —Lot señaló más arriba en la llanura— y es pequeña —la voz de Lot empezó a romperse—. Voy a huir allí. ¿No es pequeña? – Y voy a vivir.

Mijael se quedó pensativo por un momento y luego respondió:

“He aquí, yo te voy a conceder incluso esto, y no voy a destruir la ciudad de la que me has hablado. Date prisa, escapa hacia allí, porque yo no puedo hacer nada hasta que llegues allí.

Mijael levantó la mano hacia la ciudad que se llamaría Zoar. Luz irradió de su mano y atravesó los campos ondulados de hierba y pasto. En la cuesta arriba a Zoar, Mijael creó un nuevo camino.

Mijael se desvaneció en el aire, mientras que Gabriel continuaba haciendo llover fuego y azufre sobre Sodoma.

El calor detrás de ellos aumentó. Lot agarró a sus hijas y le gritó a Edis:

—Edis, vámonos. Salvemos al menos estas dos niñas.

La familia caminó rápida pero mecánicamente por la colina, a través de una niebla espesa de ceniza. Estaban en shock al no entender lo que estaba ocurriendo.

Las chicas fueron las primeras en empezar a llorar. Ahí empezaron a desacelerar.

Lot continuó tirando a todas de la mano.

—Madis. Atis. Vamos. Debemos seguir avanzando. Y hagas lo que hagas – ¡no miren hacia atrás!

Los lamentos de Sodoma estaban llegando a un tono febril. El olor de fuego y carne quemada era insoportable. Luego los gritos se calmaron. Finalmente todo se quedó en silencio. Un inquietante silencio.

Edis lloraba en quietud, caían las lágrimas en su cara cubierta de hollín. Poco a poco iba repitiendo:

—Mis bebés. Mis pobres bebés.

Miró a Lot, caminando delante de ella con las dos chicas. Su angustia se transformó en confusión y en ira. Se abalanzó sobre Lot, tirándolo al suelo. Le dio un puñetazo en la espalda con los puños.

—¡Es todo por tu culpa! —Edis sollozaba histéricamente—. ¡Mis hijos están muertos! ¡Mis joyas han desaparecido! ¿Por qué tenías que dejar pasar a esos seres? Siempre estás tratando de ser mejor que los demás. ¡Superior ! ¡Tú y tu moralidad! Eres un sucio, sanguijuela lujurioso como todo el mundo. ¡Pero mira lo que has hecho! ¡Mira lo que has hecho!

Madis y Atis rápidamente agarraron a su madre de uno y otro lado y suavemente la separaron de Lot. Lot volvió sobre sus pies y miró tiernamente a Edis.

—Lo siento, Edis, pero no es mi culpa. Los sodomitas eran tan inmorales que era inevitable que fueran castigados. Hice lo que pude, pero no fue suficiente. Los jefes de Sodoma se burlaron y me amenazaron cuando mostré siquiera una pizca de bondad —Lot inclinó la cabeza—. Lo siento por nuestros hijos. Tampoco ellos quisieron escuchar. Lo intentamos.

—¿Lo siento? ¿Intentado ? —preguntó Edis, loco de dolor —. Eres un llorón, excusa de un hombre. Voy a volver a buscarlos.

—Edis —dijo con mucha firmeza Lot, apretando su brazo—. No podemos volver atrás. Ni siquiera podemos mirar hacia atrás ya que seguramente moriríamos.

Instintivamente, Madis y Atis se posicionaron detrás de su madre para evitar que ella diera la vuelta, y para bloquear su visión si eso sucedía.

Edis arrancó bruscamente su brazo del agarre de Lot.

—¿Cómo te atreves a decirme qué hacer? Mi riqueza fue destruida. Mis bebés pueden estar muertos, o podrían estar siguiéndonos a nosotros en este momento, y tú es demasiado cobarde para salvarlos – incluso a dar la vuelta y ver. Voy a ir yo misma si tengo que hacerlo.

—¡Madre! ¡No! —Madis agarró a su madre por la espalda—. ¿No escuchaste al  ángel? Todo el mundo está muerto. Puedo sentir el calor cada vez más cerca. Si no continuamos, si incluso miramos hacia atrás, ¡vamos a morir!

—¿Cómo puedo seguir adelante? —Edis sollozaba incontrolablemente—. Mis hijos están muertos. Mi marido no es un buen marido. ¿A dónde iremos? ¿Qué hay de mi casa, mis joyas, y mis amigos? Tengo que volver .

Edis comenzó a deslizarse fuera del abrazo de Madis. Atis vio el movimiento y trató de agarrar a su madre y bloquear su visión. Pero Edis fue más rápida. Se dio la vuelta, ahora abrazada a cada lado por sus hijas, y echó un vistazo frontal completo en la destrucción de Sodoma.

No podía creer lo que vio. Los campos exuberantes. Las paredes fuertes. Las casas ricas. Los patios coloridos. Todo había sido completamente destruido. Toda la llanura estaba ennegrecida y deformada. Humo negro grueso cubría todo el cielo. El único color era el rojo de las llamas furiosas, consumiendo los restos muertos de una civilización una vez orgullosa.

Entonces comprendió. Ella entiendió que Sodoma había estado llena de maldad. Entendía que ella había sido un participante activo y sabía que ella también merecía morir.

Lágrimas saladas vertieron libremente por su rostro, y se juntaron como una piscina a sus pies.

El cosquilleo comenzó en sus pies y se fueron entumeciendo. La sensación se extendió rápidamente por sus piernas. Edis jadeó por el shock y se miró las piernas. Madis y Atis saltaron hacia atrás y miraron con incredulidad ante lo que parecía ser la sal reemplazando la piel de su madre. Edis pudo degustar la sal en su boca a medida que la metamorfosis se abrió camino hasta su torso. La sensación de horror de Edis se reflejó en los rostros de sus hijas.

—MADRE —gritaron al unísono, agarrándola de nuevo, como si por abrazarla podrían detener el proceso.

Edis tenía tiempo para sólo dos palabras antes de la transformación fuera completa.

—Lo siento —susurró con sus últimas lágrimas.

Y entonces ella era una estatua de sal.

Hermanos de Juramento

ficción bíblica: génesis: lech lejá

Hermanos de Juramento

—No voy a ir con Abram en esta campaña enloquecida —Eshkol pisoteó sus largos y ágiles pies en el piso de mosaico de la casa de Mamre—. ¡Es un suicidio!

—¿Cómo puedes pensar en abandonarnos, Eshkol? —Mamre respondió desde lo profundo de su grueso pecho—. Quebrantarías nuestro pacto sagrado con Abram, ¿por cobardía?

Aner, el mayor de los tres, observaba el debate con creciente preocupación, y se puso de pie para interceptar Eshkol antes de que se acercara a corta distancia de Mamre.

—Vamos, vamos, Mamre —Aner afirmó en tono tranquilizador, mientras agarraba a Eshkol—, no hay necesidad de hablar tan despectivamente de nuestro hermano.

—Mamre, hemos luchado codo con codo con Abram en escaramuzas previas y pequeñas incursiones —dijo Eshkol secamente—, donde me vi amenazado personalmente y en peligro. Pero lo que Abram propone ahora es nada menos que un suicidio. Para atacar a legiones de Amrafel, luego de que ellos hubieran destruido con éxito los ejércitos combinados de Sodoma y Guemará, es simplemente una locura. Estamos hablando de enfrentar a los trabajadores y los esclavos contra los soldados profesionales de Amrafel.

—No trates de asustarme —Mamre respondió con enojo—: Soy leal a Abram hasta la muerte, y más aún al Dios de Abraham, quien visiblemente lo protege como un niño favorecido. Abram tiene que rescatar a su sobrino de Amrafel, y nosotros, sus hermanos de juramento, tenemos que ir con él. El Dios que protege y bendice a Abram continuará protegiéndonos y bendiciéndonos a nosotros también.

—Yo también creo en su Dios —explicó Eshkol—. Sin embargo, en contra de un enemigo tan formidable, bien podríamos matarnos nosotros mismos aquí en casa — nos ahorraríamos el viaje, y al Dios de Abram la molestia.

Aner se aclaró la garganta, consiguiendo la atención tanto de Mamre como de Eshkol.

—Yo también tengo miedo de una empresa tan trascendental. Sin embargo, no podemos renunciar a nuestro hermano Abram —dijo Aner.

—Por situarnos así en una posición tan imposible —Eshkol replicó—, Abram es el que nos está abandonando. No voy a desperdiciar mi vida en contra de toda razón.

—En primer lugar —Mamre levantó un dedo fornido, hablando con voz cada vez más fuerte—, Abram no nos ha pedido ayuda. En segundo lugar, Abram , nuestro gran hermano, no pensará menos de nosotros por no unirnos a él. En tercer lugar, y lo más importante – te está faltando fe. ¡Fe! Si no tienes la fe de que el Dios de Abraham , el Dios único , como Abram nos ha enseñado, que el Creador y Señor de la Tierra, pueden hacer milagros más allá de nuestra imaginación – entonces tal vez es mejor que se queden en casa . Aunque creo que eso rompería mi corazón y tal vez nuestra amistad —Mamre se sentó pesadamente, mirando a sus huéspedes.

Eshkol estaba sin habla. Tenía la boca abierta por las declaraciones de Mamre. Se sentó con aire taciturno. Después de unos momentos de silencio incómodo se explicó:

—Puede ser cierto que el miedo es mayor que mi fe. Sin embargo, no puedo vivir con mi amistad siendo interrogada. Sólo necesito un poco de esperanza más tangible – algo concreto que la razón esté por encima de la inquietud.

La confesión de Eshkol fue recibida con un silencio incómodo.

—Entonces, permítanme sugerir una idea que me acabas de inspirar —Aner rompió el silencio—, que me anima y que puede darte la prueba concreta que necesitas. Amrafel acaba de reconquistar y saquear toda la llanura de nuestros vecinos ricos de Sodoma y Guemará. Si por algún milagro el Dios de Abraham colocara a Amrafel en nuestras manos, los tesoros de la guerra irían más allá de lo que hemos visto.

—Esta es sin duda una meta más tangible —Eshkol dijo con más entusiasmo—, aunque igualmente suicida.

—El botín sería nuestro por convención —añadió Mamre—, y sería realmente monumental. Aunque eso no es lo que finalmente me atrae, y estoy seguro de que tiene poco atractivo para Abram.

—Estamos de acuerdo entonces —el mayor Aner miró significativamente al delgado Eshkol—, que estamos juntos en esto y tenemos como condición explícita que una parte justa del botín es nuestra.

Eshkol miró pensativamente Aner y luego a Mamre. Tenía un miedo mortal de atacar a las legiones de Amrafel. La imagen de enfrentarse al ejército de Amrafel hizo temblar sus piernas y dar vuelta su estómago. Pero no podía hacer frente a la posibilidad de ser tildado de cobarde. Tal marca sería su ruina. Y la idea de decepcionar a Mamre, y lo que es peor , al santo Abram, era más de lo que podía soportar. ¿Cómo podía abandonar a sus amigos, sus hermanos de juramento? Siempre habían estado ahí para él, especialmente Abram. Abram era muy amable, gentil y sabio, sin embargo, tan fuerte, firme y valiente. Él sabía en su corazón que seguiría Abram hasta los confines de la tierra.

El viejo Aner tenía razón. La idea del botín era una buena distracción y disminuía el temor. Y Mamre también tenía razón. El Dios de Abraham había hecho milagros para Abram contra todo pronóstico. En realidad, era poderoso.

—Yo estoy con vosotros —Eshkol declaró emocionado—. Me equivoqué al sembrar la duda, incluso en nuestra amistad.

Mamre dejó salir una lágrima de sus ojos.

—Mi querido Eshkol —Mamre casi gritó mientras agarraba el antebrazo de Eshkol—, siento haber cuestionado tu amistad. Esta será una gran aventura.

En ese mismo momento, como por inspiración divina, Abram entró a la casa de Mamre.

Aner fue el primero en darle la bienvenida y rápidamente empujó a Abram dentro del abrazo de Eshkol y Mamre.

—¡Salve Abram! —Aner exclamó—: ¡Príncipe de Dios!

—¡Salve Abram! ¡Príncipe de Dios ! —Eshkol y Mamre respondieron.

—Estamos contigo en todos sus angustias. ¡Sé fuerte y valiente! —cantó Aner .

—Estamos contigo en todas sus angustias —Eshkol y Mamre respondieron al unísono—. ¡Sé fuerte y valiente!

Torre de Egoísmo

[Spanish translation of the original story]

Ficción Bíblica

Torre de Babel
Torre de Babel

Torre de Egoísmo

Nimrod saltó los escalones de la torre de a tres a la vez con poderosas zancadas enérgicas. Se puso de pie en la parte superior de la torre como los primeros rayos de sol que brillaban sobre ella. Toda la población de la zona vio a su cuerpo grande y musculoso tapar la monstruosa e imponente estructura. Él marcó el comienzo de un nuevo día y formalizó su condición de Rey y Dios.

Sacerdotes de Nimrod ofrecían sacrificios y libaciones convencionales. El olor de la quema de grasa animal y el incienso impregnaba el aire. Se dirigió a una habitación por debajo de la parte superior de la torre donde él consumió un delicioso desayuno de pan, carne, huevos y verduras con un apetito feroz. Se comió delante de sus lugartenientes y funcionarios, todos esperando su menor capricho. Saciado, contenido y viendo su imperio, Nimrod permitió a sus lugartenientes que informe sobre la actividad y los asuntos del día. Nimrod hizo un gesto hacia un hombre alto y delgado parado delante de sus lugartenientes, Mebtah.

“Su Majestad,” Mebtah, su principal lugarteniente, hizo una profunda reverencia,” todos los grupos de trabajo se están quedando atrás en los hitos programados. He investigado personalmente cada grupo y fui testigo de que su productividad se ha deteriorado. Mi preocupación es que sus esfuerzos se reducirán aún más. No podemos completar toda la estructura de la torre antes de que las lluvias de otoño.”

“Esto es muy preocupante,” Nimrod afirmó amenazadoramente. “¿Qué propones?”

“Mi conclusión, Majestad,” Mebtah continuó imperturbable, “es que permitimos el día semanal de descanso solicitado. Permítanme dar un ejemplo. Este ladrillo;” Mebtah tendió en su delgada mano derecha un sólido y atractivo ladrillo, “se produjo a principios de nuestra construcción. Me tomé la libertad de mantenerlo como un modelo para la futura construcción. Sin embargo,” Mebtah tendió la mano izquierda igualmente delgada, extrayendo una pieza mala de forma, fea y frágil, “este ladrillo, se produjo ayer.”

“Ya veo. ¿Y cómo se hará con un día de descanso para resolver este problema? Pensaría que nos retrasaría aún más,” dijo el rey, el ceño fruncido en su rostro rubicundo creciendo.

“Sí, Majestad,” Mebtah respondió: “un día de descanso parece en un primer momento ir contra la razón. Sin embargo, creo que la principal causa de los pobres esfuerzos es que estamos empujando a los trabajadores demaciado. Si tienen la oportunidad de recuperarse de manera consistente, estoy seguro de que veremos una mejora de la productividad.”

“¿Qué va a pasar si te equivocas, Mebtah?”

“No lo sé. Pero incluso si lo supiera, perderíamos a lo sumo un día de trabajo, su Majestad.”

“¿Y qué soluciones podríamos tratar a continuación?”

“Necesitaríamos una manera de trabajar más difícil, motivar aún más.”

Nimrod se sentó pensativo durante unos minutos, mirando Mebtah, mirando a lo lejos, y mirando a los trabajadores que realizan sus tareas a lo largo de la torre y en la planta de abajo.

Se puso en pie de repente, como un animal a punto de saltar sobre su presa.

“Mebtah, no puedo correr el riesgo de que usted está equivocado.”

“Entiendo, Majestad.”

“Tenemos que completar la torre antes que lleguen las lluvias.”

“Estoy completamente de acuerdo.”

“Para mostrar suavidad en este momento crítica tendría un efecto negativo en la moral.”

“Um, tal vez, su Majestad.”

“Mebtah, has sido un teniente leal y dedicado.” Nimrod dijo con una mueca irónica en su rostro.

“Sí, su Majestad.” Mebtah repentinamente confuso, no siguiendo el pensamiento de su rey, como usualmente lo hacía.

“¿Podría dar tu vida a mi orden sin dudarlo?” Preguntó Nimrod.

“¿Por qué, por supuesto, su majestad.” Mebtah respondió lentamente, sintiendo como si una trampa había saltado sobre él, pero aún así no vio sus contornos .

“Entonces comprenderás lo que voy a hacer.”

Y sin más dilación, Nimrod agarró enérgicamente el alto pero delgado Mebtah. Nimrod se aferró a la correa de la cintura de Mebtah y la prenda por el hombro y alzó Mebtah sobre su cabeza. Para Nimrod, Mebtah era tan ligero como una marioneta en manos de un niño. Nimrod se subió con Mebtah a la parte superior de la torre. Mebtah, sus ojos salvajes y confusos, se agarró con fuerza a los ladrillos en cada mano, casi a la muerte.

En la parte superior de la torre, con Mebtah sobre su cabeza, Nimrod gritó con voz atronadora.

“Mi pueblo!”

“Mi pueblo!”

“Preste atención a las palabras de su regla!”

“El hombre que tengo en mis manos es Mebtah, mi jefe el teniente leal.”

“Él siente que no podemos completar nuestra Torre en tiempo.”

“Él está mal, y su falta de fe, es ofensivo para los dioses.”

“Esto es lo que pasa con los que no trabajan duro, y no obedecen a los dioses.”

Nimrod, con gran ademán y drama, procedió a lanzar a Mebtah desde el techo de la torre. Los ojos de todos los trabajadores estaban en el cuerpo de Mebtah. El descenso parecía una eternidad, sin embargo, el rotundo golpe seco se produjo muy rápidamente.

En cuestión de segundos, los trabajadores empezaron corriendo como hormigas y regresaron a sus tareas con renovado vigor y energía.

Nimrod tranquilamente vuelto hacia dos de sus otros tenientes y dijo:

“Asegúrasen de traer los dos ladrillos de Mebtah a mí.”

Corrieron hacia abajo, cada uno ansioso por llegar a los ladrillos primero.

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Fuentes Bíblicas :

Génesis 10:8-10
8. Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. 9. Este fue vigoroso cazador delante de Dios, por lo cual se dice: “Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Dios.” 10. Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar.

Fuentes secundarias:

Talmud de Babilonia, Tratado Julin 89a
“Dios le dio fama a Nimrod, sin embargo, dijo: ”Ven, vamos a construir una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue hasta el cielo… ” (Génesis 11:04)